martes, 11 de agosto de 2009

EL PANTEÓN VIEJO Y EL PANTEÓN NUEVO

Tal vez sea algo en que no nos hayamos puesto a pensar y es sobre el lugar en que tarde o temprano iremos a descansar, el panteón, esta palabra tiene su origen en el griego y significa “el lugar donde se encuentran todos los dioses”, también tiene otros sinónimos como: Camposanto, cementerio, Necrópolis y fosal.
La muerte ha tenido diferentes significados, lo importante es trascender, que lo que muere es sólo el cuerpo, lo demás persiste, siempre se han buscado lugares para enterrar lo que desaparece pero que quede en la memoria su nombre, un lugar para descansar sus restos.
Antes de que existieran los panteones civiles, había ya la tradición de enterrar a las personas fallecidas en los “campos santos”, estos lugares eran los atrios de algunas iglesias y de los conventos mismos, o en las mismas iglesias, esto dependiendo del nivel económico y social de la persona fallecida, ya que se tenia la creencia de que al ser enterrado, esos lugares eran el camino más corto a la resurrección. Aquí en Rincón de Tamayo no fue la excepción y esto lo podemos constatar en el mismo atrio de la parroquia la que todavía mucha gente llama “el cementerio” y en las placas o epitafios que se encuentran dentro de la iglesia del lado del Corazón de María.
“Durante la época Colonial la mayoría de los atrios de las Iglesias y conventos se efectuaron entierros humanos, por considerar estos espacios “campos santos”. No obstante, las familias pudientes buscaron siempre para sus difuntos un lugar dentro de los templos mismos, de preferencia el más cercano al altar con la idea tal vez de que fueran “los primeros en ser reconocidos al momento de la resurrección”; para sus deudos era la tranquilidad de ver a sus difuntos protegidos y resguardados en la casa de Dios” (Oliveros).
Sin embargo a mediados del siglo XIX estas tradiciones de enterrar a los difuntos en estos lugares tuvieron que cambiar a partir de las leyes de Reforma, las que marcaban que todos los bienes eclesiásticos se declaraban propiedad de la Nación; por lo que en otras disposiciones se prohibió la inhumación dentro de estos lugares y se dispuso la creación de panteones civiles. En el estado de Guanajuato estas leyes entran en vigor el 6 de septiembre de 1860, pero aquí en Rincón de Tamayo todavía se sepulto en el atrio hasta 1905 cuando dejan de sepultar en ese lugar; por eso es común que en el atrio se encuentren al hacer excavaciones al azar, diversos restos óseos de personas, al igual que en el colegio Vianey y en la huerta de la parroquia.
Entonces se tuvo la necesidad de buscar un lugar en donde sepultar a las personas y que estuviera fuera del pueblo por la higiene, entonces el señor Petronilo Martínez dona parte del terreno para construir este panteón y la otra fue donada por doña Martita y doña Rosa en el año de 1905, poniéndose en servicio en 1906, siendo la primera persona sepultada en una fosa una señora del rancho de los Huesos. En 1907 se hace la primera bóveda para sepultar al donador del terreno don Petronilo Martínez y después a Leopoldo Santibáñez y Pedro Guerrero.
El panteón fue bardeado en el año de 1926, obra que realizo el delegado Leovardo Martínez, el maestro albañil encargado de esta obra fue el señor Isidro Maldonado y su peón fue Aristeo Lara.
En 1948, siendo delegado Juan Gómez le expropia un cuarto de hectárea a Juan Arreguín al lado sur del panteón para ampliarlo.
Es hasta el año de 1996 cuando se tiene la necesidad de otro nuevo panteón debido a que el panteón anterior ya estaba casi lleno, además de que ahora ya quedo en una parte muy poblada y por las noches era muy común los malos olores.
El nuevo panteón esta construido al sur del pueblo, cerca de la carretera que va de Rincón de Tamayo a la carretera de Salvatierra a 2 kilómetros del pueblo. El terreno fue donado por el señor Heron Lara, quien es el primero en ser sepultado en 1997. El panteonero de los dos cementerios es el señor Romualdo Rojas.

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